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  «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»  
Juan 20, 19-31
Acción Social

El Padre Andrés rompe los esquemas de la época cuando se esfuerza por conseguir la igualdad de oportunidades entre aquellos niños que deambulaban por las calles o malvivían en las cárceles. Y les quiso dar la misma educación que otras Congregaciones de su época: “Honrados ciudadanos y buenos cristianos”.

“Estaban acurrucadas en el pórtico de la Iglesia de Saint Nizier, la Iglesia en el que él había sido bautizado”. Seguramente que habrían pasado por delante de las niñas muchas personas, pero nadie habría reparado en algo tan importante. Andrés Coindre sí lo hizo. Sintió una llamada…

Hoy en el año 2010, los educadores corazonistas sentimos una llamada similar. Ante una realidad como la que nos encontramos no debemos pasar indiferentes, ni mirarla con pesimismo y desilusión pensando que las cosas nunca cambiarán … Como continuadores y propagadores de su Carisma, seguimos comprometidos en sus intuiciones pedagógicas: “Una misma realidad, una misma llamada, una misma respuesta de esperanza”.

Si de verdad queremos educar a nuestros alumnos en el compromiso con el desarrollo y la justicia, hemos de luchar en el día a día, para que la educación integral de los alumnos de nuestros centros corazonistas les proporcione herramientas de análisis de la realidad y les permita hacerse conscientes de realidades diferentes a las que viven y de las injusticias que sufren millones de personas en nuestro mundo, para poder valorarlas objetivamente y actuar de forma coherente y comprometida.

Sólo así lograremos crear entre los alumnos que educamos cierta empatía hacia otras realidades, a partir del conocimiento de la vida de tantos niños y jóvenes (incluso corazonistas) cuya realidad es muy diferente a la suya.

Y sólo así estaremos en plena sintonía con el grito de los niños y jóvenes pobres y sin esperanza. “Desde el Corazón de Dios y fieles al Carisma de Andrés Coindre, los Hermanos del Sagrado Corazón y sus colaboradores aceptan el desafío del grito de los niños y jóvenes pobres y sin esperanza como fuente de inspiración para la vida y misión del Instituto.

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